Se trata de una práctica profesional que comprende varios planos al analizar tanto el desempeño de tareas como el contextual o comportamiento psicosocial y el análisis de conductas antagónicas.
Desempeño, entonces, son aquellas acciones y comportamientos relevantes a los objetivos de la organización que pueden ser medidos en términos del nivel de contribución a la empresa, neutralizando la subjetividad.
Un exhaustivo conocimiento de un puesto es necesario para la mayoría de las evaluaciones, pero también, la descripción de lo que la organización espera de sus empleados, qué expectativas proyecta en ellos y mediante qué procedimientos o herramientas se desarrollará una mejora a cargo de la empresa o por esmero del evaluado.
Superada la evaluación de desempeño referida a tareas, el análisis contextual incluye un modelo del ambiente de trabajo común a la mayoría de las organizaciones que comprende variables motivadoras e implícitas referidas a la cooperación, la cortesía, la lealtad, el compromiso, la persistencia, la iniciativa, y el saberse parte integrante de una empresa y del logro de sus objetivos.
En contrapartida se obtiene un relevamiento de mal uso del tiempo y los recursos, baja calidad de trabajo, abusos verbales, físicos, sexuales, falta de atención, robos, mal uso de la información, comportamiento temerario y otros que hacen a la esfera íntima del empleado como consumo de drogas o alcohol que condicionan el resultado de su trabajo.
Todos estos aspectos pueden incluirse en una evaluación 360 a nivel de superiores, pares, subalternos, clientes, además del evaluador.
Silvia Garcia.
nadiaconoce@yahoo.com.ar"
